Entre mi propia espada y alguna pared.

Es extraño que a situaciones inesperadas uno tome decisiones impulsivas... sería menos descabellado tomarse las cosas con calma y pensar antes de todo... pero no es así, nos vemos acorralados, asustados disminuidos, y cualquier movimiento es para lograr huir.
Debería existir una forma universal de salir de estas situaciones asfixiantes... una receta... un manual... con los pasos necesarios para terminar ileso de todo.
Acaso a la vida le gusta siempre recordarnos que somos vulnerables y que podemos llegar bien a fondo de un momento a otro... quizás es el plan para hacernos ver lo importante que tenemos alrededor y que la mayoría de las veces nos quejamos de pequeñeces y al instante en que perdemos lo importante... en el momento en que nos quitan parte de nosotros mismos nos arrepentimos de no ser agradecidos.
De estos momentos extraños, complicados, se comprende la importancia de no estar solos, de tener donde arrancar… saber que siempre habrá alguien ahí quien te pueda recibir y hacer entrar en razón. Pero cuando eso no existe, y uno sigue huyendo y huyendo y nadie te toma y te habla con la fuerza y amabilidad necesaria, no regresas nunca mas, abandonas tu vida y dejas todo de lado.
Lo ideal es que siempre nos mantengamos proactivos y prepararnos para lo que se vea inevitable mucho antes de que suceda y así no arrancar tanto como para no poder regresar jamás y que la vida nos deje por sorpresa mirando hacia arriba queriendo volver atrás.
Debería existir una forma universal de salir de estas situaciones asfixiantes... una receta... un manual... con los pasos necesarios para terminar ileso de todo.
Acaso a la vida le gusta siempre recordarnos que somos vulnerables y que podemos llegar bien a fondo de un momento a otro... quizás es el plan para hacernos ver lo importante que tenemos alrededor y que la mayoría de las veces nos quejamos de pequeñeces y al instante en que perdemos lo importante... en el momento en que nos quitan parte de nosotros mismos nos arrepentimos de no ser agradecidos.
De estos momentos extraños, complicados, se comprende la importancia de no estar solos, de tener donde arrancar… saber que siempre habrá alguien ahí quien te pueda recibir y hacer entrar en razón. Pero cuando eso no existe, y uno sigue huyendo y huyendo y nadie te toma y te habla con la fuerza y amabilidad necesaria, no regresas nunca mas, abandonas tu vida y dejas todo de lado.
Lo ideal es que siempre nos mantengamos proactivos y prepararnos para lo que se vea inevitable mucho antes de que suceda y así no arrancar tanto como para no poder regresar jamás y que la vida nos deje por sorpresa mirando hacia arriba queriendo volver atrás.





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